De tapas por el centro de Madrid, una cena típica

De tapas por el centro de Madrid, una cena típica

Algo que sorprende a los turistas es esa costumbre nuestra de quedar, un viernes o sábado por la noche, en un restaurante de tapas en Madrid centro, para ir luego a otro, y más tarde a otro, y después a otro y otro… pidiendo en cada uno una caña o un chato de vino acompañada, cómo no, de su correspondiente tapa. Desde unas modestas aceitunas, con o sin boquerones en vinagre, hasta unos elaborados canapés, dignos de las más altas cocinas. No hay bar ni restaurante en la capital que no quiera atraer a sus clientes con sus propias tapas.

Cuentan algunos que el origen de la tapa se remonta hacia el siglo XVI, cuando un decreto real, ante los más que continuos altercados entre cocheros motivados por los ardores del vino, obligó a que fuera servida, con cada consumición de vino, una porción de comida que mitigara los efectos de aquel. Comenzó a servirse en platillos que se colocaban tapando cada jarra, de donde les vino su castizo nombre.

De unos años para acá, casi en cada esquina de la capital se ha abierto un restaurante de tapas en Madrid centro, que intenta sorprender a la clientela con sofisticadas tapas muy al uso de las últimas tendencias de la gastronomía. Pero la mayoría de estos locales, tarde o temprano, terminan por comprender que, junto a sus platos novedosos, han de incorporar a su carta algunas de las tapas y raciones más clásicas: la oreja a la plancha, con o sin salsa brava, croquetas de los más diversos rellenos, por supuesto las patatas, alioli y bravas, y, algo imprescindible: los calamares rebozados.

Una de las paradas obligatorias en esta ruta de tapas por Madrid es, sin duda, el Restaurante Taberna Madrid-Madriz, en la calle Fuencarral.